Una educación que busca la unidad entre Fe y Razón

Así como perfeccionamos las ciencias, debemos perfeccionar la moral, sin la cual el saber se destruye. (Isaac Newton)







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martes, 14 de diciembre de 2010

Ejemplaridad


Por Jorge Peña Vial
Universidad de Los Andes
Artes y Letras, diario El Mercurio

Son muchas las expectativas que están puestas en los profesores. No sólo se espera que sean profesionalmente competentes, sino que se les pide, y aun exige, que sean ejemplares. Esto no acontece en las demás profesiones en el que sólo se tiene en cuenta la competencia profesional. Lo que ese trabajador, ingeniero, médico o arquitecto sea en su vida privada, no es un criterio relevante para lo “estrictamente profesional”

Saber distinguir ámbitos no debe llevar a separarlos en compartimentos estancos que llevarían a negar la unidad de vida de la persona, si no queremos caer en visiones esquizofrénicas. En el segundo piso de su personalidad, tal persona, se presenta como un honorable y competente profesional, racional y técnicamente eficaz; en el primer piso, estamos frente a un esposo ejemplar y ante un padre tierno; y en el sótano, una verdadera “casa de ...”. Como si las emanaciones pestilentes procedentes del subterráneo no se colaran ni influyeran en el primer y el segundo piso. Pero especialmente esta aparente y tan nítida demarcación entre lo público y lo privado parece del todo inoportuna en ciertas profesiones: la del profesor, y sobre todo las que tienen el singular privilegio de trabajar con personas y contribuir de modo decisivo a configurar el patrimonio ético y cultural con el que éstas regirán su existencia.

Por supuesto que cabe recluirse en lo estrictamente técnico: “a mi se me ha contratado para dar clases de matemáticas, cumplir un programa, y punto; ¡dejémonos de falsos romanticismos de pretender enseñar a través de las matemáticas otras cosas más importantes que las matemáticas!”. Siempre existirá la posibilidad de instalarse confortablemente en el pequeño recinto de la especialidad y limitarse a repartir el saber que se detenta: ¿cómo hacer para que el mayor número de alumnos llegue a la media en geometría?

Pero un profesor se torna absolutamente irreemplazable cuando con ocasión de lo que enseña, transmite un sentido del trabajo, de la vida, del sentido del humor, del respeto. El maestro enseña, pero enseña otra cosa. Su más alta enseñanza no está en lo que dice, sino en lo que no dice, en lo que hace, y, sobre todo, en lo que es. Ése es el contenido que real, misteriosa y verdaderamente comunicamos: lo que somos y luchamos por ser, lo que amamos.

El profesor tendrá ascendencia sobre los alumnos, va camino a ser un maestro, si existe unidad y congruencia entre lo que dice, hace y es. Cuando el alumno detecta fisuras, se decepciona. Lo esencial está entre las líneas de los programas y como sobre-entendido. Muchos hombres enseñan, pero muy pocos gozan de ese excedente de autoridad que les llega, no de su saber, no de su capacidad, sino de su valor como hombre.

Desde esta perspectiva toda enseñanza puede servir de pretexto para otra cosa trascendente a la mera instrucción. Sí, el alumno admira la inteligencia del profesor, la facilidad de su palabra, la amplitud de su saber, pero por encima de todas esas cualidades pide silenciosa, pero elocuentemente, una lección de vida. Esto obedece a una razón profunda: ésta es una de las notas distintivas de una vocación que es voraz y exclusivista, que lo pide todo, tanto la vida pública como la privada, tanto competencia técnica como ejemplaridad, que no sólo sean profesores sino maestros.

viernes, 8 de octubre de 2010

La educación como un riesgo




Por Fernando López Luengos
Doctor en Filosofía y vicepresidente de la Asociación de Padres "Educación y Persona"
En Libertad Digital 7/10/2010
Acompañar al alumno en su descubrimiento de lo bueno, lo bello y lo verdadero, tal habría sido el "proyecto curricular" de Platón. Muy lejos parece de los proyectos curriculares inventados por lo "maestros" del constructivismo en la LOGSE y más tarde en la LOE, los sistemas educativos diseñados desde el amparo ideológico de los gobiernos. Hace tiempo que el sistema educativo español experimenta indicios de un colapso que los profesores padecemos en primera persona: unos de los índices más altos de Europa de abandono escolar, pérdida progresiva de la autoridad del profesor, desaparición del valor del esfuerzo, transformación de los centros en una especie de guardería donde el criterio de retener a los alumnos prevalece sobre la excelencia académica y donde los buenos alumnos tienen que adaptar su ritmo a un grupo de compañeros desmotivados; alumnos sin hábitos de socialización a los que la disciplina solo les ayuda tangencialmente conviviendo con alumnos que deben soportarlos...

Sin embargo con semejante instrumento desafinado –la LOE– cada día en nuestras aulas sigue siendo posible la proeza de arrancar una melodía armoniosa gracias a docentes –la mayoría– que ama su trabajo; y gracias a un grupo significativo de alumnos de cuya bondad siempre me he sentido orgulloso: aunque no siempre estoy satisfecho de su rendimiento académico, o de su motivación, su sonrisa cuando me cruzo con ellos por los pasillos es uno de los alicientes más bellos de la noble y arriesgada tarea de educar.
Hay por tanto claros y oscuros en la educación. Pero ciertamente la zona más oscura procede de la influencia de la política en el sistema educativo. En el resto de los países europeos, al menos tras la caída del muro de Berlín, la ideología ya no utiliza el sistema educativo para intentar fortalecerse. Pero Spain is different. [...]

[...] ¿Qué culpa tenemos los que nos hemos criado vacunados contra las ideologías y queremos educar a nuestros hijos en nuestras propias convicciones y no en las que dicte un gobierno?
Sin embargo, poco a poco, suavemente, la mentira se disuelve –no sin antes haber provocado mucho dolor– como el mito del sistema económico comunista se disolvió en los países del Este hasta la caída del muro de Berlín. El sistema educativo se está envenenando con su propia sangre: Educación para la Ciudadanía, por ejemplo, nació enferma y después de una movilización ciudadana sin precedentes en la historia de la democracia, ha quedado herida de muerte. Muy pocos profesores se atreven a cumplir sus verdaderos objetivos adoctrinadores, se ha degradado a mera maría que casi nadie desea dar y que se utiliza incluso para rellenar horarios; y el contenido del currículo ha quedado reducido a meras recomendaciones cívicas que no merecen la dedicación horaria que se le concede. Es un nuevo fracaso de la ideología frente a la realidad que es tozuda: el peor enemigo que puede encontrar el Poder es el enfrentamiento con unos padres que intentan transmitir a sus hijos lo mejor de la vida. El coraje ejemplar de tantos padres objetores ha reventado la estrategia de la ideología.
Sin embargo, los ideólogos que diseñaron Educación para la Ciudadanía como modo de inculcar el relativismo moral y la ideología de género no han cedido en su empeño. La nueva ley del aborto intenta de nuevo la intromisión de la ideología en la enseñanza. Tristemente la escuela ha dejado de ser un lugar seguro y los padres deben velar continuamente sobre las actividades que realizan sus hijos. La necesaria educación sexual está diseñada para introducir una ideología que falsea la condición humana proponiendo una libertad ilusoria que, en definitiva, queda sostenida por un voluntarismo ciego.
No son tiempos, por tanto, para acomodarse en el desentendimiento. Los padres deben velar, vigilar para que la escuela (también la concertada) no responda a consignas políticas y seguir poniendo todos los medios a su alcance para evitarlo. Deben ocuparse, cada vez con mayor responsabilidad y formación, de los temas que el actual sistema pretende instrumentalizar para sus fines. Deben, en definitiva, asociarse hasta que los nuevos mitos ideológicos sean disueltos por la fuerza de la realidad.

domingo, 3 de octubre de 2010

Aprender a conversar



Por Antonio Orozco-Delclós
En Escritos ARVO
www.arvo.net

"Con-versar" equivale a versar juntos sobre un mismo tema, asunto o argumento. La conversación -el diálogo- es de dos, o más. Pero juntos y sobre una misma cosa. Si hay dos o más hablando de cosas distintas ya no estamos en una conversación ni en un diálogo, sino quizá en una olla de grillos, o tal vez, más probablemente, como con su habitual buen humor señala José Luis Olaizola, estemos metidos en una tertulia de españoles. En estos tiempos que corren suele suceder que o reúnes o te reúnen. La reunión es un deber frecuente. Y esto es muy bueno cuando de veras la reunión es lo que su nombre parece indicar: "re-unir", unir de nuevo, es de suponer, para estar más unidos que antes. No siempre, sin embargo, se incrementa la unidad en las reuniones, incluso las pensadas para estrechar vínculos, enriquecer ideas, comprender un poco más a los otros, cooperar al bien común de la sociedad.¿Por qué esos fracasos, al menos aparentes? No siempre, o casi nunca se debe a complejidad de los problemas que se debaten.

Tengo para mí que casi siempre o muchas veces se debe a la complejidad de las conciencias. El orgullo fue la causa de la confusión que se produjo en Babel. Juan Pablo II afirma que estamos en una civilización babélica. A menudo no nos entendemos, aun exponiendo ideas muy simples. Oscar Wilde decía -muy suyamente- que a ingleses y norteamericanos una misma lengua los separaba. Hablamos en el mismo idioma de cosas sencillas, y sin embargo a veces no nos entendemos. ¿Por qué? En su divertido -pero serio- libro "Lo malo de lo bueno", Paul Watzlawick aporta una posible respuesta: precisamente la misma lengua produce la impresión de que el otro tiene que ver la realidad evidentemente "tal como es, es decir, tal como yo la veo". Y si sucede que no lo ve así, entonces es que está loco o es un malévolo.

También ofrece Watzlawick el ejemplo histórico contado por John Locke en su "Ensayo sobre el entendimiento humano": En una reunión de médicos ingleses muy eruditos se discutió durante largo tiempo si en el sistema nervioso fluye algún "liquor". Las opiniones divergían, se pusieron los argumentos más diversos y parecía imposible de todo punto llegar a un consenso. Entonces Locke pidió la palabra y preguntó si todos sabían con exactitud lo que entendían por la palabra "liquor". La primera impresión fue de sorpresa: ninguno de los asistentes creía no saber en detalle lo que se estaba debatiendo y tomaron la pregunta de Locke casi por frívola. Pero al fin se aceptó la propuesta, se entretuvieron en fijar la definición del término, y pronto cayeron en la cuenta de que el debate había pasado a versar sobre el significado de la palabra. Unos entendían por "liquor" un líquido real (como agua o sangre) y por esto negaban que en los nervios fluyera algo así. Otros interpretaban la palabra en el sentido de fluido (de una energía, cosa parecida a la electricidad) y en consecuencia estaban convencidos de que por los nervios fluye un "liquor". Se explicaron las dos definiciones, convinieron en elegir la segunda y en breve tiempo finalizó el debate con un acuerdo unánime.

También Paul Watzlawick recuerda la técnica de Anatol Raport para solucionar problemas: en caso de conflicto, en vez de que cada partido dé su propia definición del problema, el partido "A" debe exponer de un modo exacto y detallado la opinión del partido "B", hasta que éste (B) acepte la exposición y la declare correcta. Después, el partido "B" ha de definir la opinión de "A" de un modo que resulte satisfactorio a éste (A). Dice Watzlawick que aplicando esta técnica sucede no pocas veces que una de las dos partes en litigio diga asombrada a la otra: "Nunca hubiese pensado que usted pensara que yo pienso así".

El método quizá parezca lento. Pero ¿es más eficaz discutir sin saber exactamente cuál es el objeto del que se está hablando? ¿No convendría reimplantar los antiguos estudios de Dialéctica, en el sentido clásico de la palabra, como arte de discurrir o argumentar correctamente? Quizá sea verdadero todavía el diagóstico de Eugenio d"Ors: "la más grande limitación de la gente hispana estriba en algo vergonzoso, en algo que es, por definición, un vicio de esclavo: en la incapacidad específica para el ejercicio de la amistad". A ella se le añade un corolario -que de la misma enfermedad se deriva- y que llama "una suerte de trágica ineptitud para el diálogo". Vale la pena no arrojar la toalla y cultivar sin desmayos "el santo diálogo, hijo de las nupcias de la inteligencia con la cordialidad". A mi me sirve de examen de conciencia el también d"orsiano "Decálogo para todo dialogante":

I. Escucha a todos, sobre todas las cosas.
II. Honrarás la educación que has recibido.
III. No desearás atropellar la palabra de tu prójimo
IV. No te acalorarás.
V. No equivocarás a los demás.
VI. No pronunciarás palabras agresivas.
VII. No desearás tu monólogo frente al prójimo.
VIII.Celebrarás la inteligencia de los demás.
IX. No dialogarás en vano.
X. Vence en el diálogo, pero convence.


domingo, 21 de febrero de 2010

Diez ideas para proteger tu familia



Por Aquilino Polaino
Catedrático en Psicopatología
Universidad Complutense

En el II Congreso Educación y Familia de la Universidad Católica de Murcia*
1- Disponibilidad: consiste en dedicar tiempo (¡que es lo que menos tenemos!) a atender a nuestros hijos y esposo/a. Con los adolescentes, por ejemplo, no vale lo de “este tema ya lo hablaremos el sábado con tranquilidad, cariño”. Para el sábado, tu hija de 13 años ya se ha emborrachado con una amiga y van a hacer lo que se les ocurra, porque el padre estaba deslocalizado, como las empresas. Hay que estar disponible, porque hay problemas que sólo se arreglan en el momento en que el otro se anima a plantearlo y pide ser escuchado. Recordemos que nuestros padres, al morir, sólo nos dejan realmente el tiempo que pasaron con nosotros. Demos tiempo al otro.
2- Comunicación padres-hijos: que los padres hablen menos y escuchen más. En muchas familias, cuando un padre o madre dice “hijo, tenemos que hablar”, el chaval piensa “uy, malo, malo”. ¿Por qué? Porque sabe que los padres cuando dicen “tenemos que hablar” quieren decir “te voy a soltar un discurso por algo tuyo que no me ha gustado”. Esto cambiaría si los padres se hicieran un propósito: dedicar el 75% a escuchar y sólo el 25% a hablar. Escuchar a los hijos (o al cónyuge, a cualquiera) es un esfuerzo activo. Hay que soltar el diario, quitar el volumen de la TV, girar la cabeza hacia quien te habla, mirar a los ojos, expresar atención. Eso es escucha activa, que es la que sirve para mejorar la estima de tu familia.
3- Coherencia en los padres y autoexigencia en los hijos. Uno es coherente cuando lo que piensa, siente, dice y hace es una sola y misma cosa. No tiene sentido decirle a los niños desde el sofá: “eh, vosotros, ayudad a mamá a quitar la mesa”. Hay que dar ejemplo primero. Tú, padre, has de quitar la mesa durante 5 días, que te vean. El quinto día dices a tu hijo: “venga, ahora entre los dos”. Y dos días después: “estoy orgulloso de ti, ahora ya has aprendido y ya puedes quitar la mesa tú sólo”. Y él se sentirá orgulloso de quitar la mesa. Así aprenden a autoexigirse, que es mucho mejor que tenerlos vigilados 24 horas al día. Esto es un progenitor potenciador, motivador, animador y protector al mismo tiempo. También pedimos a los niños que estudien pero ¿nos ven a nosotros estudiar, leer revistas de nuestro oficio, ponernos al día en nuestra especialidad? Hemos de poder decir: “mirad, hijos, nosotros también estudiamos”.
4- Tener iniciativa, inquietudes y buen humor, especialmente con el cónyuge . Estos tres factores son útiles para la estima familiar. En España el buen humor no suele escasear. Pero la rutina es un enemigo en las relaciones conyugales y con los hijos. El punto clave es que haya creatividad e iniciativa en la vida de pareja y eso se contagiará a toda la familia. Las mejores horas deben ser para compartir con el esposo o esposa. Ser papá o mamá no debe hacernos olvidar que somos “tú y yo, cariño, nosotros”. Creatividad e iniciativa protegen a la pareja de la rutina. Cuando hay rutina, es fácil que uno de los dos busque la “magia” añorada fuera, en otras relaciones. Por el contrario, si la pareja va bien, los hijos aprenden su “educación sentimental” simplemente viendo cómo se tratan papá y mamá, viendo que se admiran, se halagan, se alaban, son cómplices. “Cuando sea mayor trataré a mi mujer como papá a mamá”, piensan los niños entusiasmados. Eso les da autoestima.
5- Aceptar nuestras limitaciones, y las de los nuestros. Hay que conocer y aceptar tus limitaciones, las de tu cónyuge, las de tus hijos. Pero es importantísimo no criticar al otro ante la familia, no criticar a tu cónyuge ante los niños, o a un niño ante los hermanos, comparando a un hermano “bueno” con uno “malo”. Eso hace sufrir al hijo y le quita estima. Es mejor llevarlo aparte y hablar.
6- Reconocer y reafirmar lo que vale la otra persona. Seamos sinceros: no tiene sentido que andemos llamando “campeón” a nuestro niño que nunca ha ganado nada. Si ha perdido un partido de fútbol, no le llames campeón. Ha de aprender a tolerar la frustración, acompañado, eso sí. También hemos de saber (grandes y pequeños) que somos buenos en unas cosas y no en otras. “Hijo, pareces bueno en A y en B, pero creo que C no es lo tuyo”. Reafirmemos al otro en lo que vale, y se verá a sí mismo como lo que es, una persona valiosa.
7- Estimular la autonomía personal. Uno se hace bueno a medida que va haciendo cosas buenas. Es importante que lo entiendan los hijos. Lo que se hace es importante: hacer cosas buenas nos hacer buenos a nosotros. Esta idea ayuda a tener autonomía personal, hacer las cosas por nosotros mismos, para mejorar nosotros.
8- Diseñar un proyecto personal. No irás muy lejos si no sabes donde quieres ir. Quedarte quieto no es factible, uno tiende a volver a quedarse atrás. Has de tener un proyecto personal para crecer, y atender y ayudar a discernir y potenciar los proyectos de los tuyos.
9- Tener un nivel de aspiraciones alto, pero realista. Hemos de jugar entre lo posible y lo deseable. Si aspiramos alto, nos valoraremos bien, tendremos autoestima. Pero, ¿es factible? Debemos conjugar un alto nivel de aspiraciones con la realidad de nuestras capacidades y recursos.
10-Elijamos buenos amigos y amigas. El individualismo es el cáncer del s.XXI. Nosotros y nuestros hijos estamos atados a máquinas gratificantes: el DVD, la TV, la videoconsola, Internet... El trabajo en solitario va minando la amistad verdadera. ¡Los amigos comprometen mucho y al individualista no le gustan los compromisos! Sin embargo, necesitamos más que nunca amigos humanos, personas, grandes y buenos amigos, con los que compartir muchas horas, conversaciones sinceras y cercanas, amistades de verdad, que te apoyen y te conozcan auténticamente, que te acepten con tus fallos y potencien lo mejor en ti. Seleccionar amigos así para ti y para los tuyos es la mejor inversión.
Una familia que trata de seguir estos principio contribuye a mejorar la estima en sus hijos. Hay finalmente tres ideas más a considerar:
Según Chesterton, lo natural tiende a lo sobrenatural mientras que lo que no se sobrenaturaliza se desnaturaliza. Es cierto. Hemos de entender que la estima, el amar y el amarse, es sobrenatural. ¿Has pensado en cómo te ama Dios, en lo grande, lo sobrenatural de Su amor por ti? Piénsalo. Eres muy especial para Él. Cuando vivas este amor, comunícalo a tus hijos.
Buena parte del sufrimiento inútil en el mundo se produce porque en algunas ocasiones en las que deberíamos dedicarnos a pensar, nos ponemos a sentir; y en ocasiones que son para sentir, nos ponemos a pensar. Evitemos este sufrimiento inútil: hay momentos para pensar y momentos para sentir.
Si luchas, puedes perder, pero si no luchas ya estás perdido. Si luchas por tu vida familiar, no estás perdido.

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*Resumen recogido por forumlibertas

martes, 9 de febrero de 2010

Estupidez en serie


Por José Ramón Ayllón
Filósofo, escritor y novelista

Leticia tiene quince años, una guitarra, varios hermanos y mucha simpatía. Le pregunto su opinión sobre las series de televisión. Me responde que ha decidido no verlas, porque le parece que confunden el amor con la obsesión por enchufar sexo en las cabezas de los espectadores. “Pretenden hacernos creer –me explica- que lo normal es el sexo fuera del matrimonio, el aborto y la eutanasia, y –sobre todo- la homosexualidad. Además, como los guiones están llenos de humor, parece que todo lo que muestran es bueno y maravilloso”.

Algún lector estará pensando que esta chiquilla es un poco estrecha, pero José Antonio Marina dice algo muy parecido: “Si yo fuera un extraterrestre y viera algunos programas de televisión, pensaría que los humanos son unos salidos que no piensan nada más que en el sexo. Es la presión de los adultos, entre otras cosas por razones comerciales, la que está reduciendo el periodo infantil y lanzando, sobre todo a las chicas, a un mundo obsesivamente sexualizado”.

Algún Lector pensará, sin duda, que Marina es un poco estrecho, pero Ángeles Caso lamenta esa misma marea de zafiedad en programas donde “se miente, se grita, se insulta, se calumnia y se rebuzna”. Además, por su propia condición, Ángeles Caso se centra en el punto de la degradación televisiva que más le duele: la reducción de las mujeres a trozos de carne, a marujas parlanchinas, a compradoras compulsivas, a exhibicionistas de cuerpos espléndidos con cerebros de mosquito.

Es posible que Ángeles Caso sea un poco estrecha, pero Emilio Lledó también piensa que “nuestra televisión es una basura. Y su tiranía sobre la conciencia infantil y juvenil es un problema más grave que el desempleo y la crisis económica. Esos otros educadores han invadido sin derecho alguno el espacio de la educación, y han introducido valores, ideas y palabras mortales para la vida de la mente y de los hombres. La educación auténtica exige idealismo y generosidad, y sólo es posible por el cultivo del conocimiento, de la mirada sobre la realidad de la vida y de los hombres. No se trata de algo utópico. Lo utópico, irreal y ridículo es el pragmatismo de lo inútil, la falacia de convertir en real las informaciones o esperpentos que nos venden como vida, ese detritus mental que se produce en muchos rincones de la sociedad”.

Tal vez Lledó..., pero Robert Spaemann también opina que "quienes trabajan en ese medio de comunicación aplican casi únicamente el criterio del impacto para seleccionar los temas. De este modo, la tradición basada en valores normales de la vida no tiene ya espacio. La televisión destruye sistemáticamente la diferencia entre lo normal y lo anormal, porque en sus parámetros lo normal carece de interés. Por lo tanto, ni el equilibrio, ni la verdad, ni la belleza se respetan como valores. No sé si peco de pesimista, pero creo que la dependencia de las personas de la televisión es el hecho más destructivo de la civilización actual".

Quizá Lledó y Spaemann sean filósofos estrechos, pero es Arturo Pérez-Reverte quien coincide con ellos y lamenta lo que ha visto en “una de esas series de estudiantes, y de jóvenes en su misma mismidad”, donde no falta un rata, varias chicas preocupadas porque Mariano no las mira, un cachas que se cepilla a una de ellas, un guapo que está saliendo de la droga, una profesora con ganas de tirarse a los alumnos, un gay que encuentra su media naranja en otro chico gay que resulta ser hijo del conserje, una chica que se queda embarazada... “Lo malo es que todo eso rebota fuera, y en vez de ser la serie la que refleja la realidad de los jóvenes, al final resultan los jóvenes de afuera los que teminan adaptando sus conversaciones, sus ideas, su vida, a lo que la serie muestra (...). Y me aterra que semejantes personajes, irreales, embusteros en su pretendida naturalidad, tan planos como el público que los reclama e imita, se consagren como referencias y ejemplos”.

Los griegos calificaban de obsceno lo que no debía ser representado sobre el escenario del teatro, por considerarlo degradante para el espectador. Pero nosotros somos posmodernos, y no necesitamos moralina de Pericles ni de Pérez-Reverte. Por eso producimos estupidez en serie, y luego vemos esas series con gusto, pues estamos encantados de descender del mono y de los surrealismos y totalitarismos del siglo XX, que nos han acostumbrado a admitir que lo negro es blanco, y la noche día, y a tomar la basura por la más grande de las creaciones humanas. Y, ahora, si algún lector piensa que estoy exagerando en este párrafo, debo reconocer que tiene razón: por suerte, hay mucha gente como Leticia.

sábado, 23 de enero de 2010

La educación en valores



Siguiendo nuestro ciclo de conferencias de Orientación Familiar, a través de nuestra Aula Educativa, D. José María Contreras nos ha ofrecido, nuevamente, algunas pautas y orientaciones este pasado martes, día 19 de enero, sobre la educación en valores.

Destacó cuatro valores para ayudar a conformar una personalidad robusta, segura de sí misma y feliz, que son: la sinceridad, generosidad, tenacidad y el agradecimiento.

A este respecto, inició su conferencia, diciéndonos que el peor daño que se le puede hacer a una persona es no educándola. Lo que sí hay que educar es todo lo referido al carácter, que no es lo mismo que el temperamento pues éste siempre hay que respetarlo y es difícilmente modificable.

La personalidad, nos decía, la configuran el temperamento, el carácter y el ambiente. por eso, es necesario que los padres se formen para aprender a educar.

1. EDUCAR PARA LA SINCERIDAD
- A la persona que quiero, es a la persona que escucho
- Debemos reconocer nuestras limitaciones y errores. Hoy se padece un síndrome de perpetua inocencia, es decir, nadie quiere tener la culpa de nada.
- Si queremos que nuestros hijos sean sinceros, los padres no han de mentir nunca.

2. EDUCAR PARA LA GENEROSIDAD
-Una persona con valores, es una persona atractiva, es decir, atrae e inspira confianza porque es agradable y virtuosa.
-Para trabajar el valor de la generosidad, debemos ayudar a nuestros hijos para que tengan un corazón grande, que es, no acaparando todo cuanto le rodea. Si el niño ve que su padre siempre escoge lo peor para sí para dárselo a los suyos y a los que le rodean, descubrirá, sin grandes discursos, que la generosidad ayuda a crecer como persona. Por consiguiente, una buena consigna puede ser la siguiente: para los demás, lo mejor.
- Hay que dar la oportunidad a los hijos de poder servir. Muchas veces los padres se convierten en servidores de los hijos y esto es un error grave que puede traernos problemas de mucho egoísmo por parte de los hijos.

3. EDUCAR PARA LA TENACIDAD
- Los padres deben saber una cosa: no hay que estar tan preocupados por el bienestar, en vez del "bien ser" que se consigue por medio de las virtudes, porque tenemos que conseguir que nuestros hijos sean fuertes, tenaces en sus propósitos y no indiferentes ante algo que exija algo de esfuerzo.
- Una persona no exigida, es una persona no querida. Gran parte de la educación es saber "gestionar las ganas".

4. EDUCAR PARA EL AGRADECIMIENTO

- Estamos en una sociedad muy poco agradecida, porque está muy poco educada. Para educar bien, debemos atender a la dimensión corpórea y espiritual de la persona humana.
- Hay que huir de la ignorancia porque nadie echa en falta aquello de lo que se desconoce. Todo depende de la forma en la que se educa. En resumen, para educar hay que esforzarse.

D. José María Contreras dirige actualmente un programa en Popular TV que se emite los jueves de 21:00 a 22:00 horas y en Intereconomía, los lunes y miércoles de 17:30 a 18:00 horas. Para escribirle y opinar sobre sus programas pueden escribir a la siguiente dirección de correo de electrónico: lavida@populartv.net

Quien no sabe pedir perdón, no sabe querer

La conferencia que impartió D. José María Contreras, el pasado 10 de diciembre en nuestro colegio, sobre el matrimonio, tuvo como eje principal la comunicación. A través de ella, nos dejó una serie de pautas y secretos que hacen inteligente una relación entre un hombre y una mujer. El profesor Contreras es un gran comunicador, por eso, fue una clase en el que facilitó el pensamiento, y a la vez, consiguió que fuera amena, cercana y divertida. Su gran sentido del humor y sus anécdotas, provocaron algunas risas durante la sesión. Estos puntos clave se pueden resumir en las siguientes ideas:

a) El sentimiento no puede sustituirse por un razonamiento. Si se ha herido el corazón a través de la palabra hay que repararlo con otro sentimiento. Aquí no caben las grandes disertaciones o justificaciones. Debemos ser dueños de nuestras palabras.
b) De la pareja siempre hay que hablar bien. Hace mucho daño a una relación la crítica y la ironía. Para ello, se ha de reconocer lo bueno que tiene el otro y hay que favorecer siempre su prestigio, honor y honra.
c) Lo que más genera confianza en una relación de pareja es el lenguaje de los hechos y no de las palabras. Debemos incorporar en nuestro actuar transparencia en el comportamiento. También hace mucho daño a la pareja no saber cómo se va a comportar el otro en distintas situaciones.
d) Hay que vivir la prudencia. Cuando no se vive, se puede llegar a situaciones que ponen en peligro el compromiso de amor que se adquirió en su día.
e) Hay que aprender a ceder. Muchas discusiones vienen porque siempre se quiere tener la razón en todo, incluso en cosas triviales y sin importancia. Las causa de muchas separaciones vienen, frecuentemente, por la imposición de los propios criterios.
f) Debemos conocer las consecuencias de nuestros actos. Es necesario recibir formación. En este apartado, D. José María Contreras tuvo palabras de elogio hacia el colegio por la preocupación que tiene en ofrecer, a las familias, una plataforma de formación con su Aula Educativa.
g) No hay que confundir el sentir con el querer porque éste último implica voluntad. Hay que poner en marcha la inteligencia y la voluntad para hacer frente a los sentimientos que no son voluntarios.
h) Finalmente, si queremos encontrar sentido a nuestra vida, relación de pareja y todo lo que emprendamos en esta vida, debemos saber que todo implica un COMPROMISO. Por medio del compromiso encontramos la fuerza para ser fieles a nuestras promesas. Una persona que no sabe pedir perdón no sabe querer.
El próximo jueves día 17 de diciembre a las 17:30 horas, tendremos la oportunidad, nuevamente, de escuchar a D. José María Contreras en nuestra Aula Educativa, bajo el título: "La educación de los hijos en el amor, el respeto y la comprensión".
Más información en: http://www.colegioedithstein.es/